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Un negocio de hamburguesas: rehacer el proceso contable desde el piso

Caso · Hamburguesas

Este caso no trata de proyecciones. Trata de lo que hay que arreglar antes de poder proyectar.

Un negocio de hamburguesas llegó a El Financiero con problemas de flujo de caja que no lograba explicarse. Al auditar a fondo el proceso administrativo y contable aparecieron más de ocho meses sin conciliación bancaria, cierres cuadrados con cuentas puente y el trabajo contable delegado a auxiliares. Buscamos contador nuevo, trajimos software, diseñamos el proceso y lo auditamos cada mes, y nos retiramos cuando el proceso ya funcionaba.

Ilustración: una figura recorre con una lupa un libro de cuentas abierto que cubre el valle.

Antes: una caja que no cuadraba y nadie sabía por qué

Este negocio de hamburguesas nos llamó con un síntoma claro y una causa desconocida: tenía problemas de flujo de caja que no lograba explicarse. Con la información que la empresa tenía a la mano no había forma de saber dónde estaba el hueco.

Nos metimos de lleno a auditar a fondo el proceso administrativo y contable. Lo que apareció debajo fue el estado real de la información con la que se estaba decidiendo. La contabilidad llevaba más de ocho meses sin conciliación bancaria, es decir, sin comparar lo que decían los libros con lo que decía el banco. Los cierres se cuadraban con cuentas puente, un recurso que hace que el balance cierre pero que esconde de dónde salió la diferencia. Y la contadora delegaba su trabajo a auxiliares que apenas estaban aprendiendo el oficio.

Cuando la auditoría apretó, la contabilidad se quedó sin quien la sostuviera.

La contadora sintió tanto la presión que renunció y desapareció, ni siquiera entregó bien.

Julián Boada, cofundador

El negocio quedó sin quien llevara los libros y sin quien pudiera explicar cómo estaban armados. Por eso lo primero no fue proyectar sino arreglar el proceso que produce la información.

Un contador que trabaja con un proceso roto entrega resultados rotos. Es un problema de proceso, no de carácter.

La intervención: contador, software, proceso y auditoría

Aquí no entregamos un informe con recomendaciones. Hicimos el trabajo de campo, que es lo que llamamos ponerse las botas.

Salimos a buscar al contador nosotros y negociamos su vinculación, lo capacitamos en el modelo del negocio para que una cuenta como la 71 se leyera como costo de producción y no como un código, trajimos el software con el que se lleva la contabilidad, montamos el proceso administrativo, contable y financiero, y después nos quedamos auditando ese trabajo mes a mes.

Esa última parte es la que sostiene todo lo anterior. Un proceso nuevo sin nadie que lo revise vuelve al mismo sitio en pocos meses, y la auditoría mensual es lo que lo mantiene produciendo números que se pueden usar para decidir. La hicimos como terceros de la compañía: revisamos el trabajo, no lo ejecutamos.

Después: el proceso funcionando y una salida ordenada

Nos retiramos de este negocio de hamburguesas, y nos retiramos solo cuando el proceso administrativo, contable y financiero funcionaba como un reloj.

Al salir quedaron dos cosas: la base y el plan de trabajo. Esa salida es parte de cómo trabajamos.

Salir así va con el criterio que nos ordena: si no estamos generando valor, no estamos en el ejercicio.

Qué muestra este caso

Este caso es la prueba de la regla que nos ordena: no hay ejercicio financiero cuerdo sin modificar procesos. Ningún flujo de caja hecho sobre ocho meses sin conciliar habría dicho la verdad. Por eso el trabajo empezó por el proceso contable y no por las proyecciones, y por eso la dirección financiera continua solo tiene sentido cuando hay un proceso debajo que produzca datos confiables.

Si el problema de su empresa no es el proceso sino que no tiene con qué decidir, el caso parecido es el de la dueña sin salario ni visibilidad. Los cuatro están en los casos, y las dudas más frecuentes sobre el alcance del servicio están resueltas en las preguntas frecuentes.

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